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de Raúl Astorga

 

 

Raúl Astorga (Argentina, 1964)

Ante la inquietante pregunta del poeta argentino, Rolando Revagliatti: 

¿En los universos de qué artistas te agradaría perderte (o encontrarte)? O bien, ¿a qué artistas elegirías para que te incluyeran en cuáles de sus obras como personaje o de algún otro modo?

RAÚL ASTORGA

responde... 

Me encantaría perderme, o encontrarme, en el universo literario de Paul Auster, a quien tuve el gusto de conocer en persona y que ya no está entre nosotros. Transitar sus mundos con la curiosidad insolente que permite lo lúdico, apareciendo de repente en ese aquí y allá de sus estructuras novelísticas. Siempre existió en mí la fantasía de formar parte de su novela “El palacio de la luna”, si Auster hubiera nacido en Argentina o, redoblando la apuesta, en Rosario, mi ciudad. El juego de convertirme en su protagonista, una especie de Marco Stanley Fogg rosarino, con su tío Victor (en inglés, sin tilde), músico sin buena suerte, caminando por las calles de esta analogía, a escala menor, de Nueva York. Dos ciudades que se parecen en lo cosmopolita y se las ama con todo incluido, sus bellezas culturales y sus crímenes. Aventurarme en una serie de historias cruzadas con ese tío cuya riqueza son sus libros y después dejarme partir hacia algún lugar en busca de una identidad propia y verdadera. Auster ha estado tan cerca de nuestra cultura, ya sea rindiendo homenaje a través del personaje de “El libro de las ilusiones”, el actor de cine mudo Hector (otra vez sin tilde) Mann, argentino en esa ficción, como también cediendo los derechos de su novela “El país de las últimas cosas” a un director de estos lares. Porque internándome en el universo Auster, el azar, la sorpresa, las vidas que podrían vivirse tienen que ver con las páginas de un hombre que ha admitido la influencia de lo borgeano y lo cortazariano en su rol personal de lector, luego de escritor. En ese recorrido onírico de mi fantasía como personaje, hallaría pequeños tesoros que se irían acumulando hasta conformar lo que, por supuesto, se definiría como experiencia extraordinaria. Entre esos tesoros que tienen que ver con las palabras, sin dudas, permanece en mi memoria aquella frase de “El palacio de la luna” respecto del objeto más preciado: los libros no eran tanto el soporte de las palabras como las palabras mismas y el valor de un libro estaba determinado por su calidad espiritual más que por su estado físico.

copyrigth©raúlastorga 

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