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Poemas de Imágenes del mundo flotante de Ida Vitale

 

 

 

 

Ida Vitale (Uruguay, 1923)

Ida Vitale

 

Poemas de

IMÁGENES DEL MUNDO FLOTANTE

 

PALOMA

 

Posada la paloma

en la pared blanquísima

blanca es y reverbera,

es de veras,

es verbo,

nos venga.

Blanca posada pide,

pasajera.

 

De pronto es negra.

Vuela.

 

MARIPOSA, POEMA

 

En el aire estaba

impreciso, tenue, el poema.

Imprecisa también

llegó la mariposa nocturna,

ni hermosa ni agorera,

a perderse entre biombos de papeles.

La deshilada, débil cinta de palabras

se disipó con ella.

¿Volverán ambas?

Quizás, es un momento de la noche,

cuando ya no quiera escribir

algo más agorero acaso

que esa escondida mariposa

que evita la luz, como las Dichas.

 

TERUTERUS

 

“Fie, fie, fie! now would she cry;

“Teru, teru” by – and – by.

 

Richard Barnfield

 

Teros instantáneos

teros tersos

flagrantes en la grama

envainados en su aguzado gris

a la sirga del grito van

descarriados adrede

teruterus

teruterus

tantos

aquí

en el trampal donde menos se piensa,

gritan.  

 

COLIBRÍ

 

La resolana que vibra,

un breve sol en el seto,

un ts ts que al aire libra

su peligroso secreto

 

y ya la flor disminuye

ante el prodigio de pluma

que surge y deslumbra y huye

y sólo alcanzo por suma

 

terca de años, en que presa

del hechizo, sigo en vano

la milagrosa destreza

que lo suspenda en mi mano

 

y entonces por un segundo

sentir cómo late el mundo.

 

MANZANA

 

En la ventana

un volumen rojizo de paz

es la manzana.

 

Parecería qué loca

si volara

hasta de su saber despreocupada.

 

Andaría zorzal

de no quererse canto en nuestra boca

a la hora frugal.

 

Detrás, el sol

se pone igual de rojo

y no es mayor.

 

RÍOS

 

Lejano, en esta orilla del río,

uno suele imaginarse lejano,

a orillas de otro río,

imaginándose en esta orilla

a la espera

de que desciendan

ríos misteriosos.

 

VIDRIO

 

El simple vidrio

no fenicio, apenas servicial,

el frasco rústico reluce,

mojado su a través

como cristal.

Es bello, y misteriosa,

mientras no interceptada,

su paz.

 

EUCALIPTO

 

Pálidamente florecido el eucalipto

soporta solo, en su sitio incambiable,

la lluvia.

Ve avanzar, de sombrero a tobillos, amarillo,

al ciclista. Sacude el árbol

su follaje febril, su ramazón mojada.

¿Cómo podría decir su pánico ante tanta

intensidad, serpentina, amarilla?

 

MARZO

 

Marzo marítimo mana fulgores.

Jugos súbitos entre las copas

brindan por el misterio

de este tiempo vacío de magia

pese a su bando de prodigioso,

prodigante otoño.

Nada, sino los modos del sueño,

habrá cambiado. Nada

excepto los alivios del olvido.

Condiciones de luz y de desánimo.

Y no hay Madagascar incandescente.

 

HABITACIÓN

 

¿Mantener frívolos saberes

entre los rápidos de un río,

y sabrosas perezas matutinas

mientras parleros pájaros proclaman

la luz que a todos nos concierne?

¿El paradero aislado

en la intemperie comunal,

la aplomada confianza en el auxilio

si la sobrevivencia afila

útiles garras?

Temblamos con el viento,

tenemos miedo de lo oscuro y alto.

Cómo olvidar la torpeza lentamente adquirida.

Parásitos de la nada

de las habitaciones cargadas de todo,

glosamos las cúpulas agrestes,

esa opuesta belleza.

Soñamos con soñarla.

Pero, girando en un aire de orates,

orando por no perder nada

de lo perverso, vertemos nuestra vida

en reparos sin riesgo.

Siempre en el hoy, apenas,

tan de penas tejido.

 

CASA

 

Canta esta casa.

¿Baila en la noche a solas?

Casi escondida dice

una historia todavía humana

que una cometa china,

balanceando en el roble sus colores ingenuos,

traza, traduce, mientras

suave

la mueve el viento.

Su gracia es de este mundo

y nos salva de esas flores

sin estaciones

nacidas bajo el árbol del Mal.

Su resplandor avanza

– una imagen que vuela a nuestro paso –

hacia otro tiempo

que duele el alma mudada que la mira.

Desde su secreto canta,

canta aun delante

de una estatua de sal desmoronada.

Se recompone ya distinta,

para otros ojos que la miren,

luego,

diversas en su misterio.

 

CASAS

 

Salas de sombra, ciegas, casas solas,

nos miran con paciencia partir,

nos gravan con su inquietud,

suspendidas en umbrales esperan.

Saben que siempre se regresa a ellas,

al silo que su sitio significa,

más que a la ciudad misma.

 

(¿Pero en qué noche regresamos? ¿Cómo?

¿A ser fantasmas, con el celo lo adventicio,

que ambula sin sustento?)

 

A veces a nuestra espalda caen.

Luego,

un dibujo de puntos

cuelga el balcón ausente

y visiones se asoman pero ya no nos miran.

 

ESTILOS

 

Tanto cuarto atestado

y vas por ilimitados vacíos.

La tribu, atribulada sin saberlo,

atestigua su idea

del arte

del espacio

– tan sin paz – y las aspiraciones al milagro.

 

No mires la carencia,

lo triste bajo vidrio.

Cada marco propala un cielo mínimo,

la apocopada imagen de un bosque,

aguas, ponientes,

trazos, a veces rostros.

De todo fluye

lo involuntario: del cromo romo,

del vaho de las flores de tela desvaída,

de un almanaque sumiso al tiempo por venir.

Todo es mar de tu muerte.

 

 

Pide un desvío al paso,

a un tris del sí ya triste,

admite el espejismo,

todo fulgor,

del bosque, amén del mar

y entra a ese sueño.

 

SOL TAN TENUE

 

Sol tan tenue que apenas se deduce

de una gasa de sombra,

de un levísimo pío:

hay un paraje aquí

que no codicia nadie,

por nadie resguardado.

Lo señala esa nube que sangra

su inapresable forma.

Pero

la nube cambia de sitio a cada instante,

síguela,

observa sus agüeros,

inaugura,

que no llegue lo cierto a aguar el gozo

en su pobre guarida.

Y recoge los oros

que pagan tu ninguna codicia.

 

IMAGEN DEL MUNDO FLOTANTE

 

Avanza recto el amatista,

sin embages,

da, cruento,

sobre el amaranto carmesí

y centellea en el sumiso cristal.

Cuesta sobreponerse a este doble poniente.

Esa vidriada imagen que te ciega,

como a veces el mundo,

aquí, donde nada puede durar,

pronto será flamante ruina.

En tanto, multiplica runas

de dramático aviso

que dicen malandanza y danza

de la muerte

y aguardas ver tu reflejo allí,

humo flotante:

 

Es amargo ser Tántalo, ¿Vale amar?

Igual pasas crujía,

inauguras tus peores augurios.

 

Mientras llegue la noche,

una vez más cerrada, sigilada,

sigues, válganos Dios,

macerando en ese mismo alcohol

la pupila, el pabilo del alma

que ve los males que la matan.   

 

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