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José Watanabe (Perú, 1945 - 2007) |
José Watanabe
Poemas de
Álbum de familia
(1971)
A mi madre/al Negro/al Viche
Chagall
Para: Álvaro Mendoza Díez
Si me atrevo y abro la ventana
puede suceder:
el cielo gris con su golondrina completamente natural
o dos amantes sobre el mismo cielo anunciando el verano.
Soy un hombre cauto,
estoy acostumbrado a los días
y temo los milagros no previstos en el programa.
Chagall ha detenido su largo vuelo sobre mis libros,
viene de sobrevolar los campos y las aldeas
ha estremecido
los árboles,
ha derribado
los frutos
la manzana
que descalabró los ojos miopes de Sir Isaac Newton.
Le digo que no crea
que yo también entreveo la posibilidad de volar,
de caminar por el cielorraso
de invitar a las muchachas
a mirar la ciudad desde arriba
Chagall sonríe y sabe
que un hombre cauto
no puede huir de la cordura.
Si me atrevo y abro la ventana sé lo que puede suceder
un hombre que se va sobre el aire
inventando
con un violín rojo
una serenata.
Los amigos
A Lorenzo Osores
Permanece aún el sabor de un helado de almendras
en nuestra garganta
y Lorenzo habla de nuestros años
sin salir del duro cascarón de la familia,
recuerda que cuando caían las hojas él no sabía que pasaba el
tiempo.
Debemos buscar trabajo
porque su novia no leyó nunca folletos malthusianos.
Ella dijo riendo:
“Mejor saltemos por la ventana”.
Él dijo:
“Sería como caer sin llegar nunca”.
Sin embargo, nuestras renovadas búsquedas de trabajo
emprendidas siempre al atardecer
terminan conversando sobre la hierba de algún parque.
Hoy hemos fingido ser expertos en publicidad
hemos fotografiado a todo el mundo con el hueco de la mano,
y textos para un producto imaginario nos han sobrevolado con
persistencia.
Un día emprenderemos una excursión a donde apunte el viento
o editaremos un libro de dibujo o poesía
donde se aprieten las ruedas, el humo, las hojas,
los papás que usan tirantes y los fantasmas.
Ahora sólo sabemos caminar las calles
y ni siquiera somos carteros.
Flores de plástico
Cada uno de estos días del Señor
un vendedor demuestra en mi puerta
que somos menos perdurables que el plástico.
Y ya mi casa está llena
con diversos objetos garantizados irrompibles.
Pero este tiempo de Gracia
comprendiendo que nada puede ser ajeno a los afanes líricos
ha creado hermosas flores en humosos laboratorios.
La urgencia por entregar la primavera
es probable causa de algunas deficiencias:
no hay secreto placer entre el polen y el estambre
ni esa inmemorial premonición
que estremeció al hombre ante la flor marchita.
He visto algunas secretarias
vertiéndoles el perfume de su agrado.
Y a estas alturas
no debe sorprendernos una triste muchacha
deshojando flores de plástico junto a su ventana.
Acerca de la libertad
Esta mañana han comprado un pájaro
como se compra una fruta
un ramo de flores.
Dicen que Hokusai compraba pájaros para liberarlos.
También Leonardo
pero midiéndoles el impulso y el rumbo.
Posiblemente en la infancia he pintado pájaros
pero jamás les he hallado relación exacta con los aviones.
Estoy tentado a liberar este pájaro
a devolverle
su derecho de morir sobre el viento.
Me van a pedir razones.
Sentiré la obligación de hablar acerca de la libertad
pero mi familia que es muy lógica
dirá que afuera solo
con el viento
a ver que hago.
El rapto de la amada Sabina, sin caballo y con mucha cortesía
A Diana
Buena familia, sagrada familia
una hermana que sueña mirar el poniente
en los rascacielos de Nueva York,
un hermano con postrado y otros lagartitos
todavía sin futuro definido.
Pero nadie descubrió mi pata de fauno:
yo solo lánguido casto.
Tras las cortinas indagaban por mis referencias
y cuando nos dejaban solos
sus sospechas volaban como mariposas.
Ahora buscan nuestro rastro por las últimas aldeas.
Ella duerme a mi lado y sueña una tierra de largo reposo.
Yo escucho el incesante ronquido
de las gentes a cuyo lado hemos pernoctado.
Cuando huíamos cayó de la mesa un ángel de yeso
aureolado con los más antiguos respetos de la familia,
con la más larga tradición de bienacidos
biencansados
bienmuertos.
Así será.
Poema trágico con dudosos logros cómicos
Mi familia no tiene médico
ni sacerdote ni visitas
y todos se tienden en la playa
saludables bajo el sol del verano.
Algunas yerbas nos curan los males del estómago
y la religión sólo entra con las campanas alborotando los
canarios.
Aquí todos se han muerto con una modestia conmovedora,
mi padre, por ejemplo, el lamentablemente Prometeo
silenciosamente picado por el cáncer más bravo que las águilas.
Ahora nosotros
ninguno doctor o notable
en el corazón de modestas tribus,
la tribu de los relojeros
la más triste de los empleados públicos
la de los taxistas
la de los dueños de fonda
de vez en cuando nos ponemos trágicos y nos preguntamos por
la muerte.
Pero hoy estamos aquí saludables escuchando el murmullo
de la mar que es el morir.
Y este murmullo nos reconcilia con el otro murmullo del río
por cuya ribera anduvimos matando sapos sin misericordia,
reventándolos con un palo sobre las piedras del río tan metafórico
que da risa.
Y nadie había en la ribera contemplando nuestras vidas hace años
sino solamente nosotros
los que ahora descansamos colorados bajo este verano
como esperando el vuelo del garrote
sobre nuestra barriga
sobre nuestra cabeza
nada notable
nada notable.
Sugerencias
Aviso que la silla donde escribo por triplicado
y tomo mi refrigerio
ya me está tatuando la espalda y las nalgas.
¿Por qué nos mandan una circular
permitiendo a los oficinistas
desfilar con su escritorio al parque de enfrente?
Los literatos dicen que estamos muertos,
pero qué difícil resulta ocultar de los ojos de los muertos
en un triste acto de magia
la sonrisa de mi mujer, mis libros, mi hijo
anunciado por el tejido de lana Patito
que me ensueña largamente hasta las babas.
Aviso también que hoy el sol se ocultará temprano:
sólo los viernes permanece hasta la madrugada
como un beneficio de la semana inglesa.
(Entonces hablamos con una suficiencia que es para llorar
porque ningún conocimiento es ajeno a los oficinistas en la
cantina).
Pero lo que quiero decir es rata
encorbatada rata
jefe rata
rata que se baña o canta bajo la ducha
haciendo inútil el excesivo perfume de las secretarias
porque el agua no ducha
la caca del corazón de la rata.
Pero condescendiendo y condescendiendo.
Condesciendo y
a veces soy el que deja anónimos en el buzón de sugerencias
grandes venganzas
que son para llorar
en el parque de enfrente.
Hablando de naranjas
Las naranjas sólo me sugieren fáciles metáforas.
Digo:
lluvia capturada,
calidoscopio,
estallido.
Pero mi relación con ellos
no apunta más allá
de la casi obscena operación de engullirlas.
Sin embargo, no niego
que he llegado a descubrir sus más hermosos disfraces:
Modigliani pintaba senos
que claramente son naranjas
y Magritte
las hizo florecer torturadas en su mundo.
Y un día de estos amaneceré convencido
por la propaganda
de que vienen de algún árbol
las botellas de químicas naranjas.
Informe para mi hermano muerto en la infancia
Ahora no hay lugar a discusión ni defensa.
La peste tenía su oficio.
Fue duro verte rodar como una semilla.
Yo sobrevivo entre los muertos.
Caminamos por los pasillos como en esa silenciosas y vasta
posadas.
Respiramos el deseo de huir sin cancelar la cuenta.
Papá escanció su último aire sobre nosotros.
Me acompaña una muchacha parecida a una fuente.
Nos alimenta una licuadora.
Ya empieza el verano.
¿Te ves con papá?
En general, me he vuelto un poco indiferente.
A veces pesa mucho el silencio de los cipreses y los muertos.
Cine mudo
Mirando el amor,
tendido en los pastos,
si cierras un ojo tendrás una estampa china.
¿Dónde está China?
Mi madre tenía una ventana y no pudo ver China.
La máquina 7 ha pasado por el cielo diciendo adiós.
Pasó un manicero vendiendo maní. Adiós.
No era un manicero: desconfía de las nubes que arrojan maní.
Ha bajado un caballo
y en el cielo la yegua espera acostada diciendo amor.
Está pasando un entierro
el muerto quería ir caminando
pero que comprenda que comprenda le dijeron.
Le dijeron que la huelga continuaba ante la tropa y la bala.
Adiós. Último adiós. Adiós levantando un manojo de pasto.
¿Cómo te llamas? No quiero hablar.
Como mi madre cuando mira por su ventana.
No tengas miedo. En tu memoria
las yeguas han postergado su boda de blanco.
Ellos están esperando noticias
y hermoso es el oficio de cartero bajo la tierra.
¿Son blancas las calles bajo la tierra?
Saluda a mi hermano,
que levanté un manojo de pasto, así le dices.
Las manos
Mi padre vino desde tan lejos
cruzó los mares,
caminó
y se inventó caminos,
hasta terminar dejándome sólo estas manos
y enterrando las suyas
como dos tiernísimas frutas ya apagadas.
Digo que bien pueden ser éstas sus manos
encendidas también con la estampa de Utamaro
del hombre tenue bajo la lluvia.
Sin embargo, la gente repite que son mías,
aunque mi padre
multiplicó sus manos
sólo por dos o tres circunstancias de la vida
o porque no quiso que otras manos
pesasen sobre su pecho silenciado.
Pero es bien sencillo comprender
que con estas manos
también enterrarán un poco a mi padre,
a su venida desde tan lejos
a su ternura que supo modelar sobre mis cabellos
cuando él tenía sus manos para coger cualquier viento
de cualquiera tierra.
La visita del ojo que supervisa a los buenos hombres
Desde la poderosa región de las antesalas y los tronos
donde moran secretarias y vencedores,
cada cual a su conquistada manera,
partía el Ojo Vigilante del Estado
hacia los perdidos reinos donde nosotros los diligentes
clasificábamos a los beneficiarios de la felicidad
dibujada en folletos.
“Las necesidades ahogan las convicciones y
los escrúpulos arañan como un millón de gatos nuestro sueño.
Es falsa esta mudanza de plumas
pero mi hijo será hermoso”
Y esperamos
porque cerca está el rendimiento de las cuentas
y el Ojo es inalterable
y es vengativo si no te acoges a su gracia.
¿Vendrá volando?
¿A caballo quizás?
¿Veremos a lo lejos como un penacho la bandera del Servicio
Oficial?
Posiblemente ya está invisible entre nosotros,
y en ese convencimiento hacemos venias al aire, intuyéndolo
entre nuestras aprensiones
y nuestros más hermosos pensamientos:
“Mi hijo será hermoso y será llamado Cristóbal?”.
Diatriba contra mi hermano próspero
Mi hermano el próspero
sumergido en su sofá versallesco
preludia
como elefante en suave regocijo
su siesta.
Mira el mar en la falsa profundidad de la pecera
y organiza la tarde como si fuera un negocio.
Sólo oigo girar la rueda de la fortuna
cuando me acerco sigiloso para mirar a través de su ojo
y el caracol que nos anunció el mar que desconocíamos
se ha convertido
en cornucopia.
Lo rodea un aire robusto, un aire de torre gorda
y menos que gusano soy
ante la concurrencia de parientes y público en general.
A veces pienso en mi padre
que nos aguarda a todos entre la niebla
bebiendo el licor de las botellas vacías
seguro se alegra
seguro me invita a un trago
si le arribo sin chequera
y de todos el más escaldado.
Consejos para las muchachas
Conozco algunos sueños femeninos.
Susana sufría el tormento de no permanece como una estatua
en la memoria de los hombres.
Pasaba sus días soñando una canción que nos encadenara.
En su homenaje
y probada la ineficacia de los antiguos recursos
escribo estos consejos con la intención más sana del oficio:
Aprenda francés y practique yoga
Aficiónese al bowling
a pintar al aire libre
al budismo
a coleccionar estampillas de países remotos
Únase a un grupo de canto o danza folklóricas
Frecuente un cine club
Tome café levantando deliciosamente el dedo meñique
Únase al Cuerpo de Paz
Incluya en su vocabulario cotidiano
“tercer mundo”
Lea los “Cien Años de Soledad”
Camine si estuviera en la avanzada de un grupo
en vanguardia
Diga en voz alta que ama desesperadamente las
mariposas.
Si estos consejos le granjean la admiración
de varios amantes de mariposas
yo habré constatado
que fue un acierto conocer a Susana
desdichada ya lo dije,
por carecer de una canción que nos ensimismara.
Cuatro muchachas alrededor de una manzana
La manzana es alianza del hombre y su deseo.
Y así perdura bajo mis uñas, inacabable
en la estridencia de la guitarra.
Pienso en la frente del viejo Beethoven que he propuesto
como una pausa;
pero la manzana acecha y codicia en silencio
el viejo fuego en la risa demasiado suelta
de cuatro muchachas que hacen del fuego juego de entrega,
juego y juego
que me obligan a parapetos que me humillan:
fuerzo gesto que no acostumbro
como sonrisas condescendientes
como miradas que se refugian en los rincones.
En verdad que en el asalto nunca he sido ducho,
sé que mi viejo caballo está hecho para dilatadas acechanzas
y ante ellas de estos tiempos de desenfados
se intimida no se consume ni en hoguera ni en discordia.
Celebro el rasgueo vertiginoso de la guitarra en la fonola
y mientras ellas aplauden yo sueño procacidades, me miro
los dedos que ya no llevan guantes para arrojar al suelo
y decido mi retiro, sin discordia y a desgana,
mientras va devorándose sola mi manzana
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