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| Oscar A. Agú (Argentina, 1947) |
Ante la inquietante pregunta del poeta argentino, Rolando Revagliatti:
¿En los universos de qué artistas te agradaría perderte (o encontrarte)? O bien, ¿a qué artistas elegirías para que te incluyeran en cuáles de sus obras como personaje o de algún otro modo?
OSCAR A. AGÚ
responde...
Cuando vi por primera vez, y no en directo, una obra de Velásquez quedé impregnado de esa luminosidad que emana de ella. Al recorrer otras, réplicas, tuve la misma sensación. Si algo quedó en mí, un joven de 20 años, fue esa luz.
Años después, en una muestra en el Museo Municipal de Artes Visuales de la Ciudad de Santa Fe, tuve ocasión de estar en la inauguración de la muestra de Juan Arancio referida a la historia de la ciudad en sus orígenes. Y allí, en ese espacio dedicado a los artistas, pude contemplar el cuadro dedicado a los “Siete Jefes”, referido a la rebelión de los mismos contra Juan de Garay.
Y en ese cuadro está también la luz. Charlando con Juan se lo digo. Y le comento la reminiscencia de Velásquez a la que me lleva su obra. Esa luminosidad lograda en los rostros brindada por una vela en medio de una rústica mesa quedó en mi retina.
Y él, sonriendo, me dice: “¡Ojalá!”, como expresando su admiración hacia el artista español.
Ese aspecto de las obras siempre, de una u otra manera, me lleva a un universo en busca de la claridad y simpleza, más allá de lo que representan las obras de los artistas mencionados, ya sea la corte o personajes de la calle de su España, en Velásquez, o de una reunión secreta donde se tramó una rebelión, según el artista santafesino.
La claridad está en ellas. Y es lo que me impactó y da relevancia a las obras, al menos en mí.
Quisiera habitar siempre ese universo. Universo que, en mi caso, se deja ver en la escritura y que no siempre se representa. Aunque, debo reconocer que luz y sombra se complementan en este “juego” que es el universo todo. No existen una sin la otra. La sombra, en ambos autores, es lo que resalta la claridad. Y a la inversa.
Poder comprender ese juego. La luz y la sombra se sostienen una a la otra.
¿Puede, uno, obviarlas?
copyrigth©oscaraagú

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