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| Cedro solitario de Tivadar Kosztka Csontváry (Hungría, 1854-1919) |
Gilberto Aranguren Peraza
Lamentos
“Todos ustedes que pasan por el camino
miren y observen si hay dolor semejante
al que me atormenta”
Lamentaciones 1, 12
¿Sirve pensar desde el rincón
cómo el avión traspasa sin dolor la barrera
del sonido?
Las estrellas brillan con fuerza
en el firmamento
sus luces como velas derretidas
incendian
las noches
deduciendo cada olor dormido del día.
Cuando niño quedaba impregnado de tanto
[cielo
era un recado del alma su inmensidad
los cascos de limón traídos por mi madre
aromaban con dulzura la energía
de un mundo desconocido.
Sonreíamos cuando hablaban del dos mil
sentíamos susto
nos aterrorizaban las profecías de Nostradamus
las herencias de Los Mayas
el 22 de diciembre
víspera de Navidad
los bosques calcinados
los pueblos destruidos por el avance
del meteorito surgido de la nada
o por el planeta nunca visto en el sistema.
¡Ahí está! – Decía el profeta –
Se acercará a la Tierra.
Nos abrazará
como Melancolía
en el film de Lar von Trier.
Cuenta nos damos del apocalipsis
en los corazones
la bomba atómica
en las células
los genes dañados por cientos
de crueles generaciones.
De las palabras
los golpes.
De las lluvias radioactivas
caídas después de un discurso presidencial
la infección en la piel
porque derramaron tubos
de Plutonio cerca de los ánimos
dejando achicharradas las ganas
y a los mares repletos de cenizas.
De nada sirvieron los Sueños de Kurosawa
en cines
llenos de humo
y silencio.
De nada ha servido el edificio de la Naciones
[Unidas
pegado al suelo como hueso
sus tendones y cartílagos
esperan el zumbido
de la bomba H.
De mi cerebro
brota el hongo superfluo
de la atroz dinastía
ahora y después de la plasta
colocada por el perro del vecino en mi puerta.
O cuando escucho a un Director de escuela
justificar a los militares en el poder
o cuando miro el viejo rostro
desahuciado con bolsitas en sus manos
tres productos
y una alegría de elefante.
O cuando aplauden al hombre
quien despojó de los sentidos
los hogares y empresas de otros.
Verán como los despojan
de lo alcanzado por chantaje.
Mis pies se hunden
en un hoyo tan profundo
donde se reúnen los adioses de este siglo.
Lo convierten en demonio
en un ser prostituido con válvulas de escape.
Estos diablos no conocen el mal
son los más peligrosos
sus almas prendidas
están en los altares del Señor.
Un día los buenos y los malos
esperarán pacientes
la tranquilidad
y el amor del otro
colocado en la mesa
parecerá un raro sueño.
Y con ello el tiempo
se reduce
a una conciencia aguda.
copyrigth©gilbertoarangurenperaza

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