| Armando Rojas Guardia (Venezuela, 1949 - 2020) |
Armando Rojas Guardia
Poemas de
SOL JOVEN
Con el sol que era oro puro
José Martí
DOMINGO
Cuánta vida
dulce
el cielo el mar el puerto
las gaviotas
luz
en el asfalto a trechos una sombra
fresca.
País sonoro
la mujer que pasa caminando
el aire el ritmo
calle plomo y sol todo caliente
trepando la colina sobre casas
blanquísimas y cielo puro cielo
que quema que arde que se pierde
y luego baja:
mar
Costaba
arrancamos la plata pegadiza
del océano, el temblor fláccido
del agua y las plumas brillantes
hundidas y calientes
Sol
y voces frescas, frutos tibios:
todo en vasto azul, maduro y esplendente,
como espalda de cielo a mediodía.
VÍSPERAS
A Carlos Pacheco
Qué silencio
cuando madura el día
allá entre los montes
crepitando
Siento entonces tu olor
y vengo junto a Ti,
que suenas como una melodía,
y hablas y es brillante tu voz
sobre el cansancio, sobre el sol
que se pudre entre la hierba,
y sobre tanto amor trabajo juego
que terminan
Qué alegría
cuando llego
y te doy el agua fresca
de todas mis húmedas vasijas
y te miro beberla —¡con qué gusto!
y saborearla
Suelto las grandes palabras,
las de oros magníficos,
las palabras oídas a los hombres solemnes
en el círculo rojo de la gran ceremonia.
Yo las dejo salir,
perderse sobre el césped
A Ti, lo más liviano de la carga
los pasos de las aves, los dedos
verdes de la hierba, las palabras
que pueden penetrar lo más humilde
y lo más ínfimo
Y río, y llegamos a una tierra abrasadora
Me toca un Tenso Verano
De pronto Tú empiezas a hablar
en el ardor interminable
de los astros
HA CAÍDO EL SOL
Ha caído el sol,
el sol sobre los montes,
redondo y grande, como un plato de oro
y sobre calles
y sobre tanta hierba
ahora toda gritando
hierba bulliciosa que deslumbra
Y tanto sol caído
va a quemar las flores y los patios,
se va a dormir sobre los árboles
No se ve más nada sino sol
carne caliente
de sol entre las piedras,
resbalando por los techos como aceite
¿Sientes
el olor tan fuerte a tanto azul quemado
tanto verde las rosas y los árboles
ardiendo?
Y el cielo
tan cerca
y las nubes con fiebre sudando
pegadas quietas sin moverse
Las ventanas
abiertas a la tarde que ya salta
da vueltas como un trompo anaranjado
Mira:
el cielo tan vacío, y más allá
viene un licor oscuro,
un pueblito caminando por el cielo
a habitar tan grande soledad
porque el sol se cayó entre los montes
CONSOLACIÓN
… llamo consolación cuando en el ánima se causa alguna
moción interior, con la que viene la ánima a inflamarse…
San Ignacio
Él pone el sol un fuego
toda la mañana adentro
Viene
diciendo aquí diciendo una palabra
sola abierta
que te hunde:
ola
madura lenta dulce
toda llena de brillantes grandes:
un crepúsculo la quema
Luego
desemboca
tan cargada
como un río que desciende
de más altas regiones
hasta el fondo hasta ese resplandor
redondo como un lago
como una luna quieta
Te imaginas
llegado a un día de calma
a una montaña
Pesa
eso que brilla
como los charcos en la noche
después de las lluvias recias y plateadas
Pesa
En ti un hogar ya reluciente
Él pone
tan solo una palabra
NUNCA AMOR
Vino, te llamaba,
o flor abierta, o piel de vellos finos
que eriza un viento suave.
Nunca amor
Me engañaron tus pájaros,
tus cielos de pronto enrojecidos,
tus navíos con banderas agitadas
y amarillas
Me engañó tu voz, hoguera
ardiendo entre palmeras
Lujo, exuberancia, te llamaba,
o puerto tropical a mediodía
Mas te he visto de cerca
y eres tan solo una íngrima colina
abrasada de sol
AVES
Me pregunto
qué ron dulce las embriaga.
Quizá la luz
cuando enronquece
y empapa de quejas el límite del día.
Acaso el viento mismo
quien como ola de cansada espuma
las impulsa a partir hacia el intenso Oeste
donde muestra el día sus llagas
tumefactas.
Estalla su plumaje en oro caliente
y derramado.
Y el cielo ha quedado entre sus alas
como una mancha viva.
Mira cómo se enredan entre los suaves hilos
del aire que se enciende.
Deja su vuelo un sabor tropical de fruta roja.
¿Las veremos, de nuevo, como ahora?
Tal vez alguna de estas tibias tardes
en silencio.
O entre las grandes amapolas
que trae la Alegría.
TÚ
I
Tú y yo
volvamos,
desandemos lo ansioso
y tristemente caminado
Volvamos, sí,
hacia la hora
en que subía un olor
de cosa nueva
hasta nosotros
Vengamos otra vez,
digamos las palabras
que hacían sonar
las cosas a tu lado
Ayúdame a quitar
tanta voz inútil,
tanto gesto ocioso
que te ocultan
II
Yo sé que Tú
vibras aquí
entre las ondas
como un presentimiento,
que brillas
vivamente
en el ardo
matutino
del mar calmo.
Yo sé que Tú
cantas en todas
esas olas.
Pero no
importa.
Quiero escucharte
hoy en el silencio
quieto
de la casa
profunda.
Sin luces de mar
roto en las rocas,
sin un solo
movimiento
de las cosas.
Solo Tú
exacto
en la penumbra.
No hay comentarios:
Publicar un comentario