LA ISLA INQUIETA

Es una espacio social creativo de difusión de la escritura en diversos géneros y figuras literarias.

Ensayo: Ustedes están condenados, nosotros estamos salvados de Doris Lessing

  

Doris Lessing (Irán, 1919 - Reino Unido, 2013)

DORIS LESSING

Ustedes están condenados, nosotros estamos salvados

 

Tomado de: Las cárceles elegidas

Traducción: María Antonia Neira Bigorra y Juan Carlos Rodríguez Aguilar

Yo crecí en un país en donde una pequeña minoría blanca dominaba la mayoría negra. En la vieja Rodesia del Sur las actitudes de los blancos hacia los negros eran extremas: llenas de prejuicios, de infamia, de ignorancia y, lo que viene más al caso, se suponía que esas actitudes eran indiscutibles e inalterables, aunque el más sencillo repaso de la historia habría indicado ¾ y muchos de los blancos eran personas educadas, ¾ que era inevitable que su gobierno habría que caer y que sus certidumbres eran temporales. Sin embargo, no se permitía que ningún miembro de esta minoría blanca estuviese en desacuerdo; todo aquel que lo hiciera se arriesgaba a un ostracismo inmediato, tenía que cambiar de opinión, callarse la boca o irse. Mientras duró el régimen de los blancos ¾ noventa años que no es nada en términos históricos ¾ todo disidente era un hereje y un traidor. Asimismo, las reglas de este juego exigían que no bastara decir: “Fulano está en desacuerdo con nosotros, que somos los poseedores de la verdad evidente”, sino también había que afirmar: Fulano es malo, corrupto y sexualmente depravado, etcétera.

Pocos meses después de empezar la huelga de los mineros en la Gran Bretaña, en 1984, cuando ya estaba por comenzar su segunda fase (más violenta), la esposa de un minero apareció en la televisión para narrar su historia. Su marido llevaba meses en huelga y su familia no tenía ya dinero; aunque el marido apoyaba la huelga y convenía en que debía ver una huelga, pensaba que Arthur Scargill había encabezado mal esa huelga. Sea como fuere él, junto con una minoría, había vuelto al trabajo. Entonces, un grupo de mineros apedreó los cristales de sus ventanas, destrozó el interior de su casa y apaleó al hombre. La esposa dijo que sabía quiénes lo habían hecho; era una comunidad muy cerrada, explicó. Los reconoció: eran sus amigos. Ella quedó asombrada, no podía creer que unos mineros decentes pudiesen hacer tal cosa. Dijo que uno de los que habían formado parte de aquel grupo la saludaba cuando la encontraban a sola, “como siempre lo había hecho”, pero cuando iba con sus amigos era como si ella, se hubiera vuelto invisible para él.

La mujer dijo que simplemente no podía comprender lo que ocurría, pero yo creo ¾ y éste es mi argumento, ésta es la idea que quiero expresar en estas pláticas ¾ que ella no sólo debió haberlo comprendido sino que incluso debió esperarlo; que todos debemos comprender y esperar estas cosas, que debemos ser capaces de relacionar lo que ya sabemos de la historia y lo que sabemos de las leyes de la sociedad en que vivimos, para comprender cómo estructuramos nuestras instituciones.

Podrá decirse, claro está, que ésta, es una visión bastante triste de la vida pues significa, por ejemplo, que podríamos estar en una habitación llena de amigos queridos y tendríamos que saber que nueve de cada diez se volverán nuestros enemigos cuando lo exija la manada; es decir, nueve de cada diez apedrearán nuestras ventanas; significa que si somos miembros de una comunidad cerrada sabremos que, cuando no estemos de acuerdo con las ideas de esa comunidad, correremos el riesgo de ser considerados gente mala y criminal; seremos malhechores.

Se trata de un proceso absolutamente automático, y en esas situaciones, casi todos se comportan automáticamente, pero siempre hay una minoría que no lo hace, y me parece que nuestro futuro, el futuro de todos, depende de esta minoría. Deberíamos estar pensando cómo educar a nuestros hijos para fortalecer a esa minoría y no, como casi siempre lo hacemos hoy, para reverenciar a la manada. ¿Triste? Sí, lo es, pero ¾ como todos sabemos ¾ crecer es difícil y doloroso, y de lo que estamos hablando aquí es de crecer como animales sociales. Los adultos que se aferran a todo tipo de ilusiones cómodas y de ideas consoladoras no maduran y lo mismo puede decirse de nosotros como grupos o como miembros en un grupo, es decir, como animales de grupo.

Es muy fácil para mí decir ahora “animales de grupo” o “el animal social”, y ya es un lugar común, en la actualidad, decir que nosotros los seres humanos somos animales y que gran parte de nuestra conducta tiene raíces en la ancestral conducta animal. Este modo de pensar ha surgido mediante una apacible revolución durante los pasados 30 o 40 años. Es una contradicción interesante el que esta revolución ha avanzado y ha triunfado sin la aprobación general de las academias de los diversos campos. Sus popularizadores son mal vistos, pero eso no es nada nuevo: a los profesionales, a los poseedores de cierto campo del conocimiento nunca les ha gustado cuando, entre ellos, los independientes comparten sus secretos con la chusma.

Algo contradictorio está ocurriendo y ocurre en esos campos conocidos como “las ciencias blandas” ¾ psicología, sociología, psicología social, antropología social, etc. ¾: precisamente en esos campos se están realizando muchos descubrimientos fascinantes acerca de nosotros mismos.

Para denigrarlas a menudo se les llama “las ciencias fracasadas”; constantemente encontramos referencias desdeñosas o displicentes a estas disciplinas “fracasadas”. Estos departamentos son los primeros que desaparecen cuando se hacen “recortes”, pero lo que nos interesa es que todas ellas son nuevas esferas de estudio, muy nuevas: algunas tienen menos de medio siglo. Consideradas en conjunto estas disciplinas forman una actitud completamente nueva hacia nosotros mismos y nuestras instituciones: la actitud objetiva, curiosa, paciente e investigadora, que creo, es lo más valioso que tenemos en la lucha contra nuestro propio salvajismo, contra nuestro largo historial de animales de grupo. Se está efectuando un trabajo enorme, se han hecho y se hacen gran cantidad de experimentos ¾ algunos de los cuales transforman nuestras ideas sobre nosotros mismos ¾ y hay librerías enteras llenas de un nuevo tipo de libros: novísimo, el resultado de un nuevo tipo de investigación.

Como lo dije en la conferencia anterior, creo que lo que vendrán después de nosotros se maravillarán de que, por una parte hayamos acumulado más y más información acerca de nuestra conducta mientras que, por la otra, no hacemos ningún intento por aprovecharla para mejorar nuestras vidas.

Como ejemplo, veamos lo que hemos aprendido acerca de cómo actuamos en grupo. Sabemos que la gente en grupo con toda probabilidad se comportará de manera bastante estereotipada, sabemos que asumirán conductas predecibles. Sin embargo, cuando los ciudadanos se unen para formar, digamos, una sociedad para la protección del unicornio, no dicen: “Este organismo que estamos formando tal vez se desarrollará de una diversa manera. Tomemos esto en cuenta y procedamos de modo que controlemos a la sociedad y que la sociedad no nos controle a nosotros”. En otro ejemplo, la izquierda puede encontrar útil decir algo como: “Se ha podido observar durante mucho tiempo que grupos como el nuestro siempre se escinden y que entonces los dos grupos que surge se vuelven enemigos, con jefes que se insultan mutuamente. Si estamos consciente de esta tendencia aparentemente natural, que hace que los grupos se escindan y vuelvan a escindirse, tal vez debamos considerarlo y podamos comportarnos menos mecánicamente”. ¡Atención! Parece que no basta estar conscientes de cómo es probable que ocurran las cosas. Se ha dicho que aquellas personas tan inteligentes que organizaron el partido bolchevique en Londres, creo que en 1905, dijeron: “Aprendamos de la Revolución francesa y no nos separamos violentamente por punto de doctrina, y luego no empecemos a asesinarnos”, pero esto fue exactamente lo que ocurrió. Se encontraron inermes, víctimas de fuerzas que ellos mismos habían ayudado a desencadenar; no comprendieron lo que les estaba ocurriendo. Ahora tenemos más y más información que, si la utilizamos, podría ayudarnos a comprender lo que nos está ocurriendo en diversas situaciones.

Sin embargo, por doquier hay cierto tipo de personas que menosprecian estos grandes logros. ¿Por qué? Creo que en este caso no solo se trata de que las vieja generaciones de académicos tienen un resentimiento contra todas las nuevas disciplinas; lo que estas personas están buscando ¾ inconscientemente y sin encontrarlo ¾ es una certidumbre y un dogma, una receta ya puesta a prueba que puede aplicarse a cada situación.

A la gente le gusta la certidumbre; más aún anhela la certidumbre, busca la certidumbre y las grandes verdades sentenciosas. Le gusta formar parte de algún movimiento provisto de estas verdades y certidumbre, y si surgen rebeldes y herejes, entonces eso será aún más satisfactorio, porque tal estructura se volverá aún más arraigada en todos nosotros.

Yo vivo en la Gran Bretaña, país que se está polarizando rápidamente hacia ciertos extremos. Es aterrador formar parte de este país; creo que fue la huelga de minero la que precipitó o la que hizo evidente un proceso que comenzó ¾ según creo ¾ con el desplome y la fragmentación de la izquierda. Durante mucho tiempo en la Gran Bretaña tuvimos un equilibro entre derecha e izquierda en el que cada bando contenía en sí una vasta gama de opiniones diversas. Este equilibrio ha desaparecido: la izquierda es ahora un conglomerado de grupos, algunos pequeños y otros grandes. Esta estructura siempre ha sido una receta clásica para el desorden social y hasta para la revolución.

Semejante polarización puede verse no sólo en la política. Se percibe también, sólo por poner un ejemplo, en las universidades. Una amiga mía decidió estudiar antropología; descubrió que no tenía opción, debía asistir a conferencias marxistas, conferencias basadas en actitudes marxistas. Si me dicen ustedes que el marxismo ya no es una unidad de creencia sino una serie de capillitas, cada una con sus propios dogmas, estaré de acuerdo; pero si hay ciertas actitudes en común. Éstas, asimismo, son en gran parte inconsciente, algunas cosas no se discuten o casi ni se mencionan; es posible estar sentado durante horas o días enteros de discusión tratando el tema de la guerra, sin oír nunca mencionar que una de las causas de la guerra es que a la gente le gusta, o le gusta la idea de la guerra. De igual manera podemos oír o leer interminablemente acerca de los problemas de la izquierda, sin oír nunca decir que la razón de que la izquierda se encuentre en tales dificultades es que la gente ha visto el socialismo en acción en un país tras otro y ha quedado aterrada. La Unión Soviética: una tiraría en donde si alguien está en desacuerdos encontrará de pronto en el hospital para enfermos mentales porque, por definición, tendrá que estar loco; un país en donde, se calcula, veinte millones de personas perecieron por los excesos de Stalin. China, donde entre veinte y sesenta millones de personas (las cifras varían con cada fuente) fueron asesinadas durante la Revolución Cultural y donde el progreso del país fue en consecuencia retrasado según sus propias estimaciones, durante toda una generación. Cuba… Etiopía… Somalia… Yemen, del Sur, podría seguir, pero no es necesario. No es necesario excepto para quienes están dentro de la izquierda. En el seno de la izquierda, como siempre ocurre en los grandes movimientos de masas reinan algunas certidumbres sentimentales, que no se discuten ni se desafían. Una de ellas es que los socialistas son mejores que los no socialistas ¾ es decir moralmente, mejores ¾ pese al hecho de que el socialismo ha creado las tiranías más monstruosas y ha asesinado a millones (y sigue haciéndolo); otra certidumbre es que todos los capitalistas son malos, encarnan un mal para la comunidad, son brutales y corruptos; otra, que los socialistas son pacíficos por naturaleza; otra más, que las mujeres son esencialmente más pacíficas que los hombres. No obstante, la historia no confirma esto en lo absoluto.

En estas conferencias, sin embargo, no solo estoy hablando de socialismo, de capitalismo, de marxismo, etcétera, sino de nuestra fe en general, de nuestras estructuras de fe. La época en que vivimos ha sido llamada la Edad de la Fe. No, no es la primera vez que el mundo ha padecido una...

Pero volvamos a la huelga de los mineros que, por desgracia ha sido tan rica en incidentes que resultan útiles para mi tesis. Cuando comenzó la huelga las cosas ocurrían con fluidez, se hablaba de acuerdo y de negociación; pasaron los meses y las actitudes se endurecieron. Desde el principio grandes cantidades de mineros siguieron trabajando; no eran tan odiados por los huelguistas como los mineros que estuvieron en huelga y luego volvieron a trabajo. Ésta es una pauta psicológica clásica: los adversarios nunca son tan odiados como los viejos aliados. Al llegar la Navidad, ya estábamos acostumbrado a ver en la televisión a representante de los dos bandos exponer sus argumentos. Según un bando, los mineros eran los responsables de la violencia, de los motines, del desorden. Según los mineros, los responsables eran la policía y los esquiroles. Cada bando no tenía una sola cosa buena que decir del otro, cada bando estaba mintiendo… y mintiendo con la conciencia tranquila, pues el fin justifica los medios.

La mayoría de los espectadores sabía que ambos bandos estaban equivocados, que ambos eran responsables de la violencia, que ambos mentían y que mentían, como dije, con la conciencia tranquila. Todo el mundo sabe que en una huelga, una guerra civil o una lucha armada en general, desde el momento en que empieza habrá tragedias de todas clases ¾ aunque esto sólo sea por el hecho de que en cada sociedad, los que gustan de las barbaridades, salen entonces a la superficie ¾. Ahora bien, mi idea es que en tales momentos todo el mundo sabe esto salvo los que están implicados, quienes parecen ante los espectadores como si estuvieran ebrios o hipnotizados o como si hubieran perdido el juicio. Y así es efectivamente, lo que están directamente involucrados se han vuelto parte de alguna gran locura de masas y, mientras siguen involucrados, no podrán esperarse de ellos ningún juicio individual.

Lo que dicen queda formalizado en conjuntos de actitudes que son absolutamente predecibles; por ejemplo, al hablar de sus colegas que habían decidido volver al trabajo, los mineros se empleaban una sarta de vituperios que nunca habíamos creído posible (en tiempos ordinarios); se les describía como esquiroles, basura, porquería, canallas, criminales. Esto era de esperarse, pero lo interesante es que mucho se decía en lenguaje religioso: los mineros que volvieron al trabajo habían “abandonado el rebaño”, debían “regresar al rebaño”, serían perdonados si “retornaban al rebaño”; los mineros huelguistas tenían un “derecho divino” a esto o a aquello y, desde luego, su lucha había sido santificada por el sufrimiento, por los sacrificios.

Hoy ya es un lugar común decir que los movimientos políticos y los movimientos religiosos actúan por igual. Hoy todos hablamos de las “capillas” del socialismo, de los “dogmas” del marxismo, similares a lo de los fanáticos religiosos, pero yo me pregunto si este modo de hablar no se habrá convertido ya en un medio de no pensar. Como están las cosas, podemos hablar de intolerancia política, de extremismo, de movimientos y de conducta de masas, hablar interminablemente, sin mencionar ni una sola vez nuestra historia religiosa, salvo de alguna manera vaga, como decir “las religiones y los movimientos políticos tienen mucho en común”.

Olvidamos ¾y los jóvenes no lo saben, puesto que no leen historia ¾ que somos herederos de dos mil años, poco más o menos, de un régimen absolutamente tiránico, al lado del cual Hitler y el estalinismo parecen apenas niños traviesos (y no es que los tiranos modernos no hayan aprendido de las iglesias, algunos de ellos conscientemente). Por la época de la primera Guerra Mundial las iglesias perdieron fuerza y dejaron de ser la principal influencia sobre nuestras sociedades occidentales. Hoy son amables, están frecuentemente orientadas hacia una labor indistinguible del trabajo social y la caridad; se hallan infinitamente divididas y, aunque algunas de las sectas son totalitarias, no es posible que la Iglesia ¾ como ocurrió apenas hasta ayer, hablando históricamente ¾ domine toda una sociedad, como único árbitro de la conducta y del pensamiento. Sin embargo, durante dos mil años Europa estuvo bajo un tirano ¾ la iglesia cristiana ¾ que no toleró ningún otro modo de pensamiento, que cortó todas las influencias del exterior, que no vaciló en matar, extirpar, perseguir, quemar y torturar en nombre de Dios. No hago referencia a esta historia para mantener vivo el recuerdo de las viejas tiranía, sino para reconocer la tiranía actual pues estos patrones aún están entre nosotros ¾ raro sería que no estuvieran¾.

Son estos patrones los que debemos estudiar, cobrar conciencia de ellos y reconocerlos cuando surjan en nosotros y en las sociedades en que vivimos.

Decir que el socialismo es una forma de religión, o que el nazismo fue una religión, que el fascismo fue una religión o que los comunistas modernos a menudo emplean fraseología religiosa no nos ayudará mucho, a menos que comprendamos exactamente cuál es el patrón que debemos buscar.

El legado más evidente del cristianismo al pensamiento y la conducta socialista es, desde luego, su sectarismo. Todos sabemos que las sectas socialistas se odian una a otras más que al enemigo, o que se atacan unas a otras como si fueran enemigos; todos sabemos que cuanto más extremo, es un dogma, más extremo será el ataque. Así como los cristianos pasaron siglos matándose unos a otros por la interpretación correcta de una palabra, de una frase, de una sentencia de la Biblia, así hoy las sectas socialistas se vilipendian unas a otras, se juzgan continuamente unas a otras: descubrir y extirpar la herejía es su primera preocupación.

Lo que debemos estudiar en realidad es la herencia de la estructura del pensamiento cristiano que pervive en nosotros.

El cristiano cree que se encuentra en un valle de lágrimas, situación de la que necesita ser rescatado o “redimido”; esta “redención” se hará mediante el sacrificio voluntario de un ser superior que se eche a cuesta los pecados del mundo. Habrá un futuro estado de perfección absoluta en que no existirá sufrimiento ni pesar, pero antes de alcanzar ese estado habrá una época intermedia de preparación y sufrimiento.

Comunistas y socialistas creen que el sistema en que vivimos es malo, que los capitalistas y los hombres de negocios o perversos (si acaso bien intencionados) y que no hay otra manera de salir de esto sino por el cambio total, casi seguramente violento: una revolución que exigirá sangre y sacrificios. Los extremistas y fanáticos, de derecha y de izquierda, creen que este cambio estará dirigido por un jefe, a quien se le rinden extravagantes homenajes. Vendrá un período después del cambio de un sistema a otro, período de gran ajuste y preparación e incomodidad ¾ para comer tortilla y que romper huevos¾, pero el pueblo será purgado de los errores que vienen de su pasado. Después de este periodo purgativo vendrá un tiempo de absoluta realización, de pleno socialismo, de pleno comunismo, cuando el pecado dejará de existir. Ésta es la estructura del pensamiento cristiano y la del pensamiento político de la izquierda, y de muchos grupos políticos que no son de izquierda, pero que creen en el cambio violento y drástico porque todos los herejes y malvado deberán ser perseguidos a muerte o “reeducados”.

Descrita así, ésta, parece una especie de locura… y si lo es. Es incluso una locura de fuerza colosal. Cuando yo era joven fui comunista por un tiempo; fue una conversión aparentemente súbita y total (aunque efímera). En realidad, el comunismo era un germen o un virus que había estado latente en mi interior por largo rato; en mi caso brotó por mí rechazo a la sociedad represiva a injusta de la vieja África dominada por los blancos. Pero el punto que deseo establecer aquí es otro: en su mejor momento éramos un grupo como de cuarenta personas, ninguno de nosotros era un chiflado ni un excéntrico; todos éramos miembros normales de la sociedad, o lo habíamos sido, pues ésta era la guerra y alguno de nosotros éramos refugiados. En conjunto, éramos probablemente más animados, enérgicos y cultos que la mayoría; sin embargo, durante casi dos años, mientras el grupo se mantuvo entero antes de que se escindiera y se desvaneciera, sosteníamos como axiomas ciertos puntos de fe que, para nosotros, no podían dudarse. Por ejemplo, que en un brevísimo periodo, quizá de unos diez años, es decir, cuando terminara la guerra y el mundo volviera a la normalidad, todos reconocerían las bendiciones del comunismo y el mundo sería comunista, y quedaría libre de todo delito, prejuicio de raza o prejuicios sexual (debo señalar aquí que el movimiento feminista de la década de 1960 no produjo ninguna crítica al sexismo). Creíamos que en el mundo todos vivirían en la armonía, amor, abundancia y paz para siempre.

Esto era demencial, y sin embargo lo creíamos. Ahora bien, tales grupos continúan brotando por doquier, pasan por períodos en que esas creencias son su alimento, en que odian, persiguen y vilipendian a todo el que no está de acuerdo con ellos. Es un proceso que continúa siempre y creo que es inevitable porque los patrones del pasado son tan poderosos en nosotros que la crítica a la sociedad y el deseo de cambiarla recurren fácilmente a esos patrones. Estamos en garras de algo muy poderoso y muy primitivo, a lo que no hemos empezado siquiera a hacer frente.  Estudiarlo, si, eso se hace en cientos de universidades, pero aplicarlo… no.

Hace poco me encontré con una vieja amiga y le pregunté, como siempre:

¾¿Cómo van las cosas?

¾Muy mal ¾ me contestó ¾. No sé qué hacer; mi hija menor que tiene ahora dieciocho años ha cambiado por completo. Tú sabes que nosotros siempre fuimos una familia muy feliz, y lamento decir que yo estaba segura de que así seguiría, pero todo eso ha cambiado.

Yo pensé: “Ah, desde luego, la pobre Anne ha sufrido un ataque de política revolucionaria; eso debe de ser”. Pero mi amiga prosiguió:

¾ Ella siempre fue un poco religiosa, como tú sabes, se interesaba en esos cultos, pero ahora se ha vuelto uno de los cristianos renacidos. Cambió de la noche a la mañana. Vive en casa con nosotros, pero casi no nos habla. A mí es a la que más odia. Se pasa todo el tiempo con sus nuevos amigos, cree que son maravillosos, los ve a todos como santos, pero a mí me parecen bastantes ordinarios, nada para escribir sobre ellos, y algunos obviamente están chiflados. Pero, ves, están salvados. Nosotros no. Nosotros estamos condenados al fuego del infierno, pero ellos se irán al paraíso. Tienen un jefe, creo que simplemente es uno de esos tipos ávido de poder, pero ella no puede verlo, cree que es una especie de santo. Cuando yo le pregunto cómo puede tratarnos a nosotros, su familia como si fuéramos basura, ella me contesta que Jesús dijo a su madre: “Mujer, ¿qué tengo yo que ver contigo?”.

Bueno, así estamos; es exactamente el mismo patrón. Desde luego mi amiga espera (como mis padres esperaron cuando yo les mostré exactamente el mismo patrón de “Ustedes están condenados, mis amigos y yo estamos salvados”) que su hija “dejará eso eventualmente”. El mundo occidental está lleno de personas que han pasado por esta experiencia de ser, cuando jóvenes, miembros de un grupo de intolerantes y lunáticos, y luego la han dejado atrás. Yo diría que la mitad de la gente que conozco en la Gran Bretaña entra en esta categoría, pero en nuestro caso la fiebre fue política, no religiosa. Cuando recordamos nuestra época de total compromiso con un conjunto de dogmas que hoy nos parecen patéticos solemos sonreír con tristeza.

Mientras tanto, observamos a las generaciones posteriores que pasan por lo mismo y sabiendo de lo que somos capaces, tememos por ellas. Tal vez no sea exagerado decir que en estos tiempos de violencia nuestro deseo más benigno y sabio para los jóvenes deba ser: “Esperamos que su periodo de inmersión en la locura de grupo, en la mojigatería de grupo, no coincida con algún periodo de la historia de su país en que puedan poner en práctica su ideas criminales y estúpidas. Con un poco de buena suerte, saldrán muy mejorados por su experiencia de lo que son capaces de hacer en materia de fanatismo e intolerancia. Comprenderán perfectamente cómo las personas cuerdas, en los periodos de locura pública, pueden asesinar, destruir, mentir y jurar que lo negro es blanco”.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Presentación del Recital Poético UMBRAL DE INQUIETAS VOCES

Presentación del Recital Poético UMBRAL DE INQUIETAS VOCES
UMBRAL DE INQUIETAS VOCES del 06 de diciembre de 2025

Inquietud

Breve rumor

   Día lluvioso de  Paul Cornoyer (USA, 1864 - 1923) Gilberto Aranguren Peraza Breve rumor En silencio la lluvia avisó lo agreste de las...

Entradas Inquietantes

Poesía Inquietante

Itinerario. LIbro de Poesía. De: Gilberto Aranguren Peraza

Itinerario. LIbro de Poesía. De: Gilberto Aranguren Peraza
En nuestro día a día, perdemos de vista las cosas sencillas de la vida, el autor Gilberto Aranguren, a través del género poético, construye imágenes que conforman la interioridad de su mundo, le da importancia a cada aspecto de su vida y elige con cuidado aquello que le parece valioso y que pueda marcar totalmente la diferencia, él sabe que hay un mundo en su interior invisible para los demás y que cada evento exterior representa una ventana a su interior, ¡sus poemas son su reflejo!

LIBRO ITINERARIO

Si deseas acceder a la compra del Libro ITINERARIO, ya sea en papel o en e-Pub puedes hacerlo haciendo uso del siguiente link:

Libro: Los ruidos de la Casa

Libro: Los ruidos de la Casa
La casa es un tejido de ruidos

Los ruidos de la casa

LOS RUIDOS DE LA CASA es una mirada íntima de los sonidos detectados por el espíritu como residencia suprema de los sentidos, en especial del sentido auditivo, el cual se afina para escuchar los sonidos que están dentro y que asoman el vínculo entre lo estético y la intangibilidad del alma. Las imágenes estremecidas por los ruidos se manifiestan y se van haciendo parte del cuerpo consolidando y convirtiendo la casa estremecida con los sonidos de Dios, en un canto donde el amor deja al dedo enredado en los hilos del mantel. Las imágenes del ruido, la casa, los fantasmas, la cama, la puerta, son un todo, son uno en la vida del espíritu del autor. “En mi casa hay miles de jarrones un perro llorón por las noches una sonrisa pegada en la pared izquierda una almohada en el salón de nieve y un cuarto de estrellas lleno de grillos.”

Prosas Inquietantes

Libro de Cuentos: Un Ojo en la Luciérnaga

Libro de Cuentos: Un Ojo en la Luciérnaga
Autor: Gilberto Aranguren Peraza

Libro: Un Ojo en la Luciérnaga

“Un ojo en la luciérnaga” es un libro que reúne diez cuentos del escritor venezolano Gilberto Aranguren Pedraza, escritos desde su exquisito inconsciente colectivo popular y el folklore centroamericano y una pluma creativa que delata su talento, oficio y años de escritura, le permite desarrollar relatos enigmáticos bien armados, con toda la picardía, el misterio y la ironía que caracterizan a la actual narrativa latinoamericana y obviamente la suya. Los protagonistas en sus cuentos, escapan muchas veces al papel del héroe urbano, la opulencia del novio o la elite post colonial que disfrutan algunas familias republicanas en nuestras ciudades mestizas, sino más bien los enfoca en aquellos muchas veces relegados a un segundo nivel del hilo dramático de nuestra realidad cotidiana, a esa América morena del bullying, las crisis familiares, la pobreza escondida por el estado o las trifulcas sociales y políticas, que al final nos hablan de una realidad actual en el continente. Personajes entremezclados en lo más bajo del lumpen y/o las andanzas infantiles pueblerinas a veces inocentes y otras que rallan en el morbo de los mitos del campo o marginales, convierten a este libro en un entretenido encuentro con el pasado y presente latinoamericano, que además descansa en el rico lenguaje del autor, su vocabulario y acento caribeño y el aleteo de su luciérnaga bien domada. Los editores A quienes quieran adquirir un ejemplar de "Un ojo en la luciérnaga", escribir a editorialletraclara@gmail.com o enviar mensaje por interno. Valor $12.000.- más gastos de envíos o por pagar en destino vía Starken.

Libro: PANDORA. Todo está escodido en el baúl

Libro: PANDORA. Todo está escodido en el baúl
PANDORA. Todo está escodido en el baúl

Libro: PANDORA. Todo está escodido en el baúl

Pandora es un viaje a la oscuridad guardada en el pasado, donde el alma, como baúl, esconde los retratos de cada evento vivido. Un pasado tanto verdadero como imaginario, que se va revelando en cada una de sus páginas y textos. Es el encuentro con la memoria que a veces es guardada como reliquia en una caja y cuando se destapa salen de ella un sinfín de recuerdos atrapados y singularizados, porque son propios del autor quien sin miedo se atreve a compartir. Son como pequeñas franjas de sombras que se arrastran en las faldas de la niñez del autor, quien los va revelando uno a uno con un estilo propio, a veces trágico y en otras sarcástico. Es un libro escrito desde la defensa de la autonomía, porque en él se ofrecen verdades incómodas que se pierden en la memoria, por el simple hecho de olvidar por olvidar. Pero no, aquí se trata de recordar para olvidar y de dar paso a los sentimientos más genuinos y bondadosos del ser humano. Escrito con una poesía que tiende a ser conversacional y reflexiva, matiz que hace de Pandora un libro diferente y auténtico.

INQUIETUD: ¿Perderse (o encontrarse)?

El poeta argentino, Rolando Revagliatti, formuló a diversos escritores de su país esta inquietante pregunta: ¿En los universos de qué artistas te agradaría perderte (o encontrarte)? O bien, ¿a qué artistas elegirías para que te incluyeran en cuáles de sus obras como personaje o de algún otro modo? He aquí sus respuestas:

Umbral de Inquietas Voces

Umbral de Inquietas Voces